"Demasiado profundo". Ese poema no te gusto nada. Tomando un espejo que estaba en la mesa ratona, te deleitaste jugando con los rayos del sol. Una paloma se poso en la ventana. "Te leo otro que me parece fabuloso", propuse. Vos miraste a la paloma y luego diste un giro de trescientos sesenta grados hacía el retrato de mamá. "Son parecidas", murmuraste. Ya la tarde se me había arruinado.
El solo hecho de haberlo recordado te cambio la cara. "Te juro que necesito viajar. Irme unos días a Europa, ya me canse de esta ciudad tan provinciana". Una carcajada pobló el living mientras el personal ingresaba. "Deje la bandeja sobre la mesa que ahí vamos". Milagros abandono la habitación. "Que rico perfume", fue la observación increíble que tu mente compartió. "Es cierto", asentí. Ya la tarde se me había arruinado.
"¿En que estábamos?". Tu Blackberry sonó. Nervioso dijiste que no te llamen y que arreglen en la oficina sin consultarte. "No soy el encargado de decirte lo que tenes que hacer Sonia. Habla con Ramírez y arreglen entre ustedes. No me metas a mi. Yo no tengo nada que ver". Una descortesía inusual. La falta de humildad en persona."¡Que desgracia Dios mio estas visitas!". Por mas quejas. Ya la tarde se me había arruinado.
Milagros trajo la caja de bombones y la dejo entre un par de acuarelas que estaba enmarcando. Vos tomaste uno de coco relleno de dulce de leche y yo el de almendras. La llamada te altero aún más. El bombom lo comiste haciendo hincapie en que los dulces te caían mal. Innecesario el comentario. Si te hace daño, no lo comas. Pero ya era tarde para ponerse a discutir. Ya la tarde se me había arruinado.
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