viernes, 1 de julio de 2011

LAST DANCE

Una picada y unas buenas cervezas hicieron que ese atardecer un atardecer soñado. El rocío sobre la cancha de polo y Donna Summer de fondo. Vos y yo bailando mientras la mucama retiraba el servicio. “Traiga champagne”, ordene. Ella dijo que como no. Siempre tan educada. Vos dijiste alguna guasada y yo te di una patada. “Es muy sana, no quiero que se contamine con nosotros”. Bailamos. Last dance se ponía cada vez mejor.
Cuando el champagne llegó, nuestros cerebros ya estaban en cualquiera. “Gracias querida”, le dijiste. “¿Quién sos? ¿Verónica San Martín?”. Soltaste una risita decadente pero que importaba ¡El champagne había llegado!
Serví dos copas, de esas que compre aquella vez en París, y brindamos. Por un momento me sentí en una producción de la revista ¡HOLA! Ni bien terminamos de tomar ese néctar divino, seguimos bailando. Hacíamos cualquiera pero que nos divertíamos, nos divertíamos.
En un momento, vos me abrazaste y con tu fuerza me tiraste al piso. “Para tarado”. Last dance seguía vibrando.

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