El sol sobre tu cuerpo generaba unos claroscuros increíbles. Más de un renacentista le hubiese encantado verte. Pero desgraciadamente no pudieron. Ese cuerpo marmóreo disfrutaba del sol húmedo de enero. Sobre la arena gozábamos de no tener a nadie cerca.
Vos y yo y ese mundo de palmeras y aguas calidas. Vos dormido, yo dibujando.
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