lunes, 25 de julio de 2011

CAMPANA

"Todo va a cambiar". La pollera se acomodo y miro la enciclopedia que estaba leyendo. Por debajo de la escalera emergió un sonido angustiante. "¡Como grita tu padre!". Siempre que dormía, papá, en sueños, gritaba. En el silencio de la casa esos gritos filosos rompían la paz del hogar. Levantarse a cerrar la puerta hubiese sido demasiado. Con el tintineo de la campana, Rosa llego. "Cierre la puerta por favor". Rosa obedeció. 
Con la puerta cerrada ella siguió disfrutando de los museos del mundo. "Cuando este en París al Museo de Orsay vamos a tener que ir si o si ¡Tantos lugares me vuelven loca! ¿Cómo haremos para no enloquecer?". Fastidiada ante la idea de no poder visitar la Ciudad de las Luces de punta a punta volvió a tocar la campana. El paño para lustrar la platería en la mano. La cara de resignación que atesora grietas y gritas llego. "Rosa me traería si sería amable el celular que lo deje en la pileta". Ella asintió. El paño en el sofá dejo. Un grito agudo lo hizo quitar. "Está recién tapizado. Pero por favor. Es una desgracia. No se cuida nada en esta casa". El dolor de ver el trapo en el sofá te genero un bajón anímico. "Tráeme un vaso de güisqui queres de una vez". El maltrato no bajaba. Ningún bajón lo hubiese alterado.
Contra mi voluntad, busque el bendito vaso y fue ahí cuando mi cerebro genero ideas que hoy me tienen en prisión. No se que se me paso por la cabeza. La idea justa no la tengo. No puedo decir fue tal o tal otra razón. No. Razón no hubo. Pero si hubo un hartazgo en el corazón. Las ganas de hacerle frente a tanta superficialidad. El deseo de gritar con toda mi fuerza. El hastío de verla en ese estadio tan singular. Basta. De mis entrañas saque un potencial que desconocía. La botella de güisqui en puñal se convirtió. El mal se encarneció y ella sin embargo, en medio de ese mar de sangre la campana toco.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario