Desde un ala a la otra proferiste histéricamente mi nombre. Yo conteste, lo reconozco, malhumorado, aclarándote que no soporto los gritos, que no soporto esos chillidos, esos maullidos de gato encerrado. Te conté que el grito es propio del conventillo y que soy un principillo; ante todo pillo. Que me hables civilizadamente, sin elevar la voz y sin pitidos. Eso te dije.
Y vos, con esa hipersensibilidad postmoderna, enervada cuando no tienes que hacerlo y enojada con quienes solo te dicen la verdad, dijiste muchas cosas. Entre ellas, que no me hablaste de mal modo (lo cual nunca te dije, solo te dije que me gritaste), que te molesta que cambie las cosas de lugar y mil cosas, que prefiero y en serio te lo digo, olvidar.
Demasiada histeria capto en el medio ambiente.
Relájate un poco.
Goza mas.
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