martes, 19 de julio de 2011

MALESTAR

La tarde del sábado era potencialmente melancólica. Todo estaba dispuesto para que así vibre. Una reunión familiar. Mujeres hablando de política. Quejas contra el sindicalismo y esos dictadores de África. “¡Es un espanto lo que se esta viviendo en África! Yo no se como va a terminar esto pero me tiene más que preocupada”, confirmo ella mientras disfrutaba de una bola de fraile rellena de dulce de leche. “¡Que rico!”, exclamo. La aristocracia venida a menos tenía voz, voto y, ante todo, paladar.
Un hombre con una elegante chomba. Colorada para algunos, roja para otros. Horrorosa para todos y todas. Busca almendras, libélulas o gorriones. En sí no entiendo que buscaba pero si que al cielo miraba ¿Tal vez los extraterrestres lo vendrían a buscar? Ni idea pero al cielo miraba y lo peor, lo hacia entusiasmado. Una extraña emoción emergía de esos celestes ojazos. “Se viene el otoño”, expreso. Para arriba miraron los tres como si el otoño emergiese de los cielos…
Una mujer con la pierna marchita. Ya hacía más de una semana que desde la cama chillaba y lloraba haciendo que la vida hospitalaria se instalara en casa. Un refugio de la Cruz Roja, un asilo de ancianos, un orfanato en la Revolución Industrial. Espantosamente habíamos tenido que escucharla. Sus quejas no paraban pero a la luz del sol confirmaba que la pierna estaba mejor. “¡A Dios gracias!”, apunto su aristócrata madre.
Todo se iba desvaneciendo, el sol iba perdiendo su fuerza pero no así el día. El día seguía siendo triste. Y ellos seguían debatiendo. Enojados con el mundo, embroncados con un país que tanto nos necesita. Encerrado leía tratando de no escuchar. No quería que el hombre de colorado punzo me contamine. Tampoco quería que las mujeres me carcoman mentalmente. Había padecido demasiado visualmente, no quería que me maltraten más. No quería pero por más que luchaba, todo me generaba un malestar arduo…

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