"Gorda no te preocupes por mí. En serio deja que yo me ocupo". Con la pila de platos maldeciste el día en que la mucama se tomo franco. Él te miro con una sonrisa en la boca y tu cuñada siguió contando sus vacaciones en el exterior. Varias botellas yacían vacías en la mesa del living. Las luces bajas y ese jazz que a él tanto le gustaba. Sin embargo había que escucharla a ella. Era genial, según decían. "Eduardo tenes que llevarla a la Negra a New York, le va a encantar. Hay unos museos increíbles, unas tiendas en la Quinta Avenida que son un sueño. Con Rafa nos compramos todo". Obnubilado Rafa chateaba. Ella confirmaba que el viaje les había hecho mucho bien. "Nuestro matrimonio resucito. Te lo cuento y se me caen las lagrimas". Un gran silencio se hizo mientras ella lloro y lo contó lo que tenía que contar. Los maltratos, los golpes en el establo en esa infancia tan dura que vivió en el Conurbano. Cuando las lagrimas mermaron, Rafa la abrazo y le pidió perdón por muchas cosas. Eduardo hizo las veces de conductor de talk show y psicólogo recibido en la universidad de las madres. Irene llego con las tazas para el café y se encontró con una escena peculiar. Los tres de la mano confesando el dolor que en sus corazones había ido agrietando la vida familiar. Uno a uno fueron contando esos detalles, esas miradas, esos comentarios que tanto resentimiento habían generado. Irene fue la última en terminar. Demasiado odio había cargado. Ella, la que viajaba y tenía un matrimonio resucitado, le regalo un broche de oro. "Perteneció a Evita". Ambas se abrazaron y lloraron. Rafa lo abrazo a Eduardo y confesaron que sí se compraban una finca le pondrían Los Abrazos.
Ni bien termino la novela, le mande un mensaje a mi viejo y le dije que me perdone por tantas cruces. La novela me había pegado. Actúan tan bien que te trasmiten mucho. Él no respondió, lo cual me sorprendió. Siempre contesta y al toque.
Todo lo entendí más tarde. Cuando le mande el mensaje, a la media hora murió.
Todo lo entendí más tarde. Cuando le mande el mensaje, a la media hora murió.
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