La pamela fue un regalo de mamá. Cuando ya estaba a punto de partir agarro la valija que había llevado al hospital y me la entrego. "Laurita cuídala como si fuese oro", sentenció. Fue lo último que dijo. En parte eso te explica el hecho de que fui con pamela al velatorio. Me sentía en Ascott.Fue una jornada ardua anímicamente aunque muy exitosa. Ahí lo conocí a Max. Claro. Él fue el que llevo el cajón de mamá al cementerio y como yo estaba sin auto y sin ganas de escuchar los lamentos de todos me subí con él y mamá al coche fúnebre. "¿No te molesta?", le pregunte. Max me sonrió con una sonrisa divina y ahí nos conectamos. "¡Que lindo que esta el chófer!", pensé. "No hay drama, subite que ponga quinta y en media hora estamos allá". Esa canchereada me pudo. Sabes que me pueden los cancheros, esos que creen sabérselas todas, esos que plantan bandera y dicen acá estoy. Me enloquecen locamente.
Él condujo con gran solemnidad y me dio el sentido pésame. Por respeto le agradecí las palabras aunque sinceramente el luto ya lo había pasado. En realidad ya sabía el desenlace de la enfermedad de mamá. El poder decirle adiós y el acompañar el cajón fue más que nada quedar bien, actuar un rato, hacer la performance de niña desconsolada. La cuestión es que llegamos al Memorial y ahí me mande. "Max después bancame que vamos a tomar algo. Me caíste muy bien y quiero agradecerte este favor de traerme", le comente. Tremendamente lanzada. Te juro que no me importaba ya mas nada. El chófer me había encantado.
El servicio fue muy bueno. Lo dio el confesor de mamá, el padre Galdos. Fue sobrio. No hablo de más ni tampoco incursiono en política, cosa que siempre hace y a mi me revienta. Hizo las oraciones y listo. Yo salude a las amigas de mamá que estaban desconsoladas. Las viejas ya se estaban preguntando a quién invitarían para ayudar con el mantenimiento del hogar de ancianos que tienen a cargo en Balvanera. "Sully quédate tranquila negra. Yo les voy a dar una mano. Cuentan conmigo". La vieja confeso que siempre había sido una excelente persona y un listado de halagos que te juro que me dejo la boca contracturada de sonreirle. "Gracias Sully por venir", fue lo último que le dije y las deje. Los primos de Mendoza lloraban de una manera que me impresionaron ¡Tanto iban a llorar! Nada. Yo ni bien pude escape y me encontré con mi amado ¡Me siento en una novela rosa!
Con un cigarrillo en la mano me esperaba. No hablamos mucho pero te digo que había una conexión galáctica entre nosotros. Vibrábamos de una manera loca ¡Por Dios! Agarro la Panamericana y puso música al palo. Unas cumbias que nunca había escuchado. Vos sabes que Pasión de Sabado me puede pero lo que escuche esa tarde era de otro mundo. "Boludo nos va a parar la policia", le dije. Paranoica como soy, ya me imaginaba en la comisaria declarando con la pamela en las manos. No. Por favor que no me vaya a suceder eso que me mato. Me hago el harakiri. Cuestión de honor. Max me miro y me dijo que me relaje. "Sos divina. Decime como te llamas que no se nada de vos. Solo se que sos huérfana. La que llevamos era tu vieja, ¿no?". Ahí me descompuse de la risa ¡Es un sacado! Hablaba de mi señora madre con una desfachatez única. En mi vida le dije vieja. Este animal media hora después del entierro se refería a ella con total desatino. Me encanto. Esa cosa de barrio me puede y lo sabes muy bien. El ferretero me volvía loca. El verdulero ni te cuento. Esa cosa arrabalera ¡Por Dios! Quiero ser la princesa de corso. Así con la pamela y las esclavas de oro.
Tomamos la colectora y terminamos en un Burguer King. "Pedimos y comemos en la parte de atrás". Yo ya estaba enloquecida con el plan. Comimos hamburguesas donde los fiambres van a ser comidos por los gusanos. Disfrutamos de la Coca - Cola en un lugar en donde la cola solo se usa para cerrar la madera de los cajones. La pasamos genial y el tipo estaba como yo. Enloquecido. Vibrábamos de una manera fuera de lo común.
Lo que se fue dando con el pasar de los días también estuvo atravesado por una conexión fuera de lo común. Cada termino que usa me enloquece. Insisto en esa cosa arrabalera que me puede y en esa vitalidad descontrolada. Me hace muchísimo bien verlo y en su compañía me siento única. Nos conectamos, nos queremos tal cual somos. Vibramos. Hay una conexión interesante. Somos dos opuestos que se conocieron en una tarde de verano. En el velatorio de mi madre para ser más precisos. Siempre hacemos chistes con el tema.
"Tenemos vibraciones de un tipo muy exótico", ayer sentenció. "¿Ah si?", le dije. Él sonrió como hace siempre y asintió. "Tenemos vibraciones, vibraciones galácticas". La metafísica, la astronomía, la astrología se entrecruzan en nuestras charlas en mi jardín. A ambos nos encantan esos temas. Su patio también nos escucha. Con sus macetas y sus enanos. Ambos vibramos y charlamos años. Cuando ayer lo dijo me dejo pensando. Sin duda que tenemos vibraciones fuera de lo común. Te juro que le empiezo a creer. Y la idea de que sean galácticas me encanta. Me copa el nombre.
Vibraciones galácticas. Charlas y más charlas. Mi pamela se desarma. Mi cuello también. Este tipo me mata.