"No sabes lo bien que la pasamos". Tomaste un poco de la Stella Artois y continuaste. "El hotel genial, la gente muy simpática, lastramos como locos. El bufett muy bueno. Todos los días había un plato nuevo, algo para probar. La Negra estaba enloquecida, comió más que yo". Yo escuchaba mientras lo veía a él. Con su smoking de siempre, su sonrisa Colgate y ese sex appeal a flor de piel entraba en ese antro tan divertido. Al pasar nos saludamos. Marcos seguía contando su estadía en Las Vegas. El mundillo de casinos y de lastrar lo enloquecía. "¡Que manera de comer esta gente!", pensaba. El de smoking me guiñaba el ojo.
Marcos pidió otra cerveza y seguimos charlando. Cuando ya tenía los ojos vidriosos por el alcohol y el humo circundante me pregunto por él. Le dije que no pasaba nada. Me puso nervioso con su pregunta pero es propio de cuando toma de más empezar a hacer interrogatorios. "Mark no empieces con tus preguntas insoportables". Marcos se mato de la risa y me dijo que no me coma la persecuta. "Relájate Frank". "No me relajo nada, no jodas". Ambos nos matamos de la risa. El de smoking me guiñaba el ojo.
El ambiente se inundo de Snoop Dogg. Marcos se levanto y empezó a bailar. "Vamos primo, bailemos un rato. Rompamos la pista como lo hacemos siempre". Sin ganas, me levante. Ya estaba de mal humor. Esos guiños ya me habían cansado. "Este tipo qué onda, va a estar todo el tiempo guiñando el ojo ¡Basta!". Desaforado me lance a la pista y bailamos. Bailamos montones. Bailamos horrores y a las seis lo llamamos al Gordo y nos paso a buscar.
"Tortugas allá vamos". El mal humor había pasado y la vida que tanto amaba estaba por empezar. Familia, amigos, felicidad pura. Felicidad total. Nada de guiños. Basta. No me molesten más.