jueves, 30 de junio de 2011

GUIÑOS

"No sabes lo bien que la pasamos". Tomaste un poco de la Stella Artois y continuaste. "El hotel genial, la gente muy simpática, lastramos como locos. El bufett muy bueno. Todos los días había un plato nuevo, algo para probar. La Negra estaba enloquecida, comió más que yo". Yo escuchaba mientras lo veía a él. Con su smoking de siempre, su sonrisa Colgate y ese sex appeal a flor de piel entraba en ese antro tan divertido. Al pasar nos saludamos. Marcos seguía contando su estadía en Las Vegas. El mundillo de casinos y de lastrar lo enloquecía. "¡Que manera de comer esta gente!", pensaba. El de smoking me guiñaba el ojo.
Marcos pidió otra cerveza y seguimos charlando. Cuando ya tenía los ojos vidriosos por el alcohol y el humo circundante me pregunto por él. Le dije que no pasaba nada. Me puso nervioso con su pregunta pero es propio de cuando toma de más empezar a hacer interrogatorios. "Mark no empieces con tus preguntas insoportables". Marcos se mato de la risa y me dijo que no me coma la persecuta. "Relájate Frank". "No me relajo nada, no jodas". Ambos nos matamos de la risa. El de smoking me guiñaba el ojo.
El ambiente se inundo de Snoop Dogg. Marcos se levanto y empezó a bailar. "Vamos primo, bailemos un rato. Rompamos la pista como lo hacemos siempre". Sin ganas, me levante. Ya estaba de mal humor. Esos guiños ya me habían cansado. "Este tipo qué onda, va a estar todo el tiempo guiñando el ojo ¡Basta!". Desaforado me lance a la pista y bailamos. Bailamos montones. Bailamos horrores y a las seis lo llamamos al Gordo y nos paso a buscar.
"Tortugas allá vamos". El mal humor había pasado y la vida que tanto amaba estaba por empezar. Familia, amigos, felicidad pura. Felicidad total. Nada de guiños. Basta. No me molesten más.

SOLUCIONES

La angustia, la amargura, el dolor van poblando las paredes de esta casa y en medio de esta vorágine, el oxigeno empieza a faltar. Poco a poco todo se va volviendo tedioso. El entumecimiento avanza por doquier. "Nada esta en el lugar en que debería estar", sostienen algunos, creyéndose dueños de la solución. Mentiras. Todo esta donde puede estar. Basta de rigideces y de organizaciones estrictas y corrompidas. Basta.
El sol empieza a salir en medio del grisáceo y oscuro día otoñal. La falta de oxigeno y el tedio han quedado atrás. Teniendo sol, tenemos ya un 75% de la felicidad. El resto lo hace uno. La felicidad es, ante todo, un hágalo usted mismo y no un llame ya. Sigamos.
Las posibles soluciones ya nadie las escucha. "Déjalo, esta viejo", pululan en el Club House. El continua convencido de que en el momento en que todo este reorganizado, todo va a volver a funcionar. Insiste en su postura. Dogmáticamente sigue planteado su plan. Un pendejo, de esos malcriados que andan en cualquiera, gastando lo que roba papá le dijo ayer que se calle un poco. "Tengo muchos más años que vos jovencito", le incrimino, pensándose que eso lo iba a afectar. El pibe tiro un escupitajo, siguió tomando lo que estaba tomando. Indiferencia pura. Apatía total.
El viejo sigue en su casa, contando de cuando muchos funcionarios lo invitaban y le hacían consultas. "Era como Séneca, el consejero de Nerón, me preguntaban cualquier cosa y como se de todo no había drama", se ufana. Demasiada soberbia para mi gusto. Al viejo le hacen falta unas sesiones de medicina ortomolecular. El viejo no sabe que los problemas se van a solucionar y que nadie tiene la formula para que el mundo marche en absoluta paz. El viejo sigue creyendosela y mientras tanto el pibe no para de gastar.

miércoles, 29 de junio de 2011

AUXILIO

"¿Sabes lo que me dijo? Que estaba tomando mucho ¡Que caradura!". Estabas sacada, completamente malhumorada. No lo podías creer. Tu marido, el que habías elegido un día para pasar el resto de tu vida, te recriminaba que tomabas de más. De no creer.
Tratando de no pensar en ese comentario innecesario, te sumergiste en tu cuarto y leíste un rato. En medio de la lectura, sentiste una vibración que inundaba todo el ambiente. Un alud de papeles caía. Miles de escrituras, diarios y recortes iban cayendo violentamente de la biblioteca. Exasperada, dejaste a Goethe en el sofá y empezaste a gritar.
Quien te había tildado de alcohólica, oídos sordos hizo. Ni se inmuto. En su mundo se quedo mientras vos le pedías ayuda. "¡Robert ayúdame!" Nada. Un silencio pobló la casa, transformándose en un panteón. Nunca te escucho pero vos gritaste. Pidiendo auxilio te quedaste. Ese hombre comiendo queso y dulce murió.

domingo, 26 de junio de 2011

POSES

Esa patética foto familiar en donde todos posan soñando ser lo que no son: felices ¿Se abrazan o se sostienen? A ver, déjame ver bien que no se entiende…Ni uno ni lo otro…Solo se agarran unos a otros…Todos quieren escapar, ¡esta farsa no da para más! ¡La pose los hace, me hace contracturar! A ver, permiso… ¡Rómpala! Esa foto es para los demás, a mi me no me la cuentes ni siquiera me la muestres, yo conozco el behind

sábado, 25 de junio de 2011

COCA Y CAVIAR

“Una Coca – Cola y caviar, ¿tienen del noruego?  Lo probé el otro día y estaba brutal”. Eclecticismo puro. Postmodernidad fatal.
La angustia sobrepasa lo audible, lo pensable. Nadie quiere escuchar la palabra vacío y, sin embargo, todos y todas la sentimos. La Coca – Cola como siempre riquísima y los transeúntes de todos los días. Algunos chic, otros no tanto.
La cabeza estalla mientras las burbujas se hacen dueñas de mi garganta. “¿Qué me pasa que estoy tan mal?”. Las lágrimas atinan a salir pero algo irrumpe. Llego el caviar.
Riquísimo como la otra vez. Deseable pensar en algo que no sea mi malestar. De las entrañas emergen vibraciones bajas y negativas. La verdad me quiero matar. “¿Cómo haré para salir de acá?”.
Un transeúnte me mira. Se saca los auriculares y me observa con cierta felicidad. Los ojos le brillan y yo me quiero matar. “¿Pero que mira este tipo? Si esto no es espectacular”. Mi autoestima esta baja y el caviar es un manjar.
Tiempo de reflexiones. El mozo me pregunta si quiero algo más. Le digo que no, que retire el servicio y me deje un rato en paz. “¿Le gusto el caviar?”. “No me gusto, me enloqueció man”. El mozo ríe.
Desde la calle el que me mira, sigue mirándome. Saca su Blackberry y se pone a charlar. Habla con ademanes, muchos ademanes. “¿Será italiano?”, pienso. Unas ganas de champagne me inundan. “Tráigame el mejor”. El buen mozo asiente.
Con la copa en la mano, lo sigo viendo. Ese italiano es un crack.

CACHENGUE

Éramos tres. Nadie hablaba. El auto hacía un ruido, de esos ruidos que solo él que maneja se entera. No obstante me di cuenta. De repente empezó a sonar un cachengue divertidísimo. Todos lo conocían, obvio, pero todos al unísono preguntaron por “el grasa que canta”. Entre risas les conté quien era. “No sean hipócritas que ya lo han escuchando”. Yo ya bailaba. Sin strass y sin mis amadas tejanas sobre el auto bailaba.
Una estación de servicio. Dos yeguas a un costado y un cartel que anunciaba que ya estábamos llegando a destino. Un viaje de perros con un cachengue glorioso.

PIEDRAS DE JADE

“Usted ya ha venido ayer”. El oriental fruncía el ceño. “Si vine para preguntar cómo era”. “Bueno, pase”, respondió.
Rafaela Carra sonaba en un karaoke en el que eufórica una mujer cantaba los hits de la italiana más intrépida. Un sinnúmero de camas ultra tecnológicas se ubicaban a un costado y a otro. Moribundos, gordos y gordas, ancianas descansaban en ellas. Por un rato, el intenso dolor que sentían en el cuerpo mermaba. Sus mentes se relajaban. Sus almas también. En pleno micro centro rosarino, la demostración de unas camas revolucionarias con piedras de jade y adelantos galácticos generaban una especie de hospital post moderno. ¿Rafaela Carra junto a moribundos?, ¿Euforia de karaoke junto a ancianos postrados por el dolor?
Nunca entendí nada, ese día menos.

viernes, 24 de junio de 2011

OH MY GOD!

Grace no lo podía creer. Su púber hijo padre iba a ser y era tan solo un bebé. “¿En que habré fallado?” Tratando de no desesperar se acomodo el collar. El dolor no la iba a transformar. Ser chic es una actitud que va más allá del malestar.
Ignacio veía el horizonte, buscando en él la respuesta a sus interrogantes “¿Cómo podía ser? ¡Que tenga un pibe y ni siquiera halla empezado el CBC!” Exasperado busco su Blackberry y llamo a su amigo de siempre. Hoy más que nunca lo necesitaba. “Viejo, a las cinco en el club”. Un vaso de agua le pidió a la mucama y tratando de relajarse, agarro La Nación. El asesinato en Carmel era aún un notición.
“¡Que bajón!”. Anita Carden de Saavedra Hick entendía lo que su amiga estaba pasando. Tratando de reanimarla la invito a Las Leñas. “Voy con unas amigas de la primaria, del Northlands, la vamos a pasar brutal”. Grace sonrió.
El café estaba rancio. “Escúchame, retírame este café que esta intomable y tráeme un güisqui”. Carlos lo miraba sin saber que estaba pasando. “¡Contame de una vez! Si es algo de guita, no te hagas drama, sabes como es, te presto y listo”. Ignacio rió. “¡Que tipo materialista y cortes! Solo piensa en dólares”, pensó pero no le dijo nada. Solo agradeció. “Marcos va a ser papá”.
Anita Carden contó como había superado el mal trago de saber que su hija a los quince años iba a ser mamá. “Gorda tenes que mandarlos a los dos a Uruguay o al campo y listo”. Grace creyó que le estaba tomando el pelo. “¿Anita qué decís?”. “Lo que escuchaste, los mandas a José Ignacio, lo esperan allá y vos te despreocupas. A ver si nos entendemos, el problema no es el bebé que viene en camino, el horror es el que dirán”. Anita estaba mal.
Carlos le pidió que no se haga drama, que ser padre joven era una bendición. “Igna disfrutar de un hijo a los veinte no es lo mismo que a los treinta con miles de responsabilidades en la cabeza”. Ignacio degustaba el güisqui mientras escuchaba a ese sinvergüenza transformado en chaman.
Grace volvió a su casa peor que como había salido. Dejando la cartera en el sofá, se tiro en el diván y le pidió a la mucama que ponga en silencio los teléfonos y el celular. “¡Que no me moleste nadie! Solo quiero descansar”.
Ignacio volvió con unas copas de mas. Al ver a su mujer en el diván le propuso un viaje a las Islas Cayman. "Gorda hoy más que nunca necesitamos una honeymoon". Grace hizo fuerza para no llorar y aceptó irse unos días. "Solo tres días, nada más". Ignacio sonrió y dando media vuelta se hecho a dormir en el sofá.
Una nueva vida estaba por empezar...