martes, 13 de diciembre de 2011

PILETON

Creyó que lo que estaba en el piso era una ciruela. Mas no. Era una frambuesa. Carnosa. Sabrosa. Vociferando el nombre de un escuálido pariente que por las calles de Corrientes solía mofarse con tener conocidos ricos y pudientes pidió un plato. "De los de plásticos Mirtha", aclaro. Cerca de la cuñada odiada, de la despreciada, de aquella que nadie recordaba el nombre y de la que todos habían olvidado su apellido lo sentó. Pregunto si quería agua o, en su defecto, soda. "No hay otra cosa", sentencio mientras champagne a la mucama de turno pidió.
Alguien aseguro que ellos estaban allí por el millón pero nadie lo confirmo. Los condenados al ostracismo familiar comieron en silencio. No pidieron siquiera pan para empujar el guiso pasado. En la otra esquina de la mesa las risas fueron mofándose de todos especialmente de esa tía vieja pero rancia, a quien, pobrecita, se le habían caído los dientes. Crueles la miraron con desprecio y pidiendo otra rueda de champagne, la dueña de casa aseguro que fin de año la pasarían juntos en un fiestón. "Lo organizo yo", vaticino y varios se miraron en estado de shock.
En la otra esquina, en cambio, los dos comentaron lo rico que había estado el guiso. Organizaron un viajecito al pueblo de ella. Compartieron anécdotas. Algunas viejas y amarillentas. Otras divertidas y complejas. Rieron. Una risa sana y cómplice los unió. El otrora dolor se transformo en unión.
Ellos reventaron en el  fiestón. Los dos sólitos viajaron al pueblo y de tanto calor terminaron abrazados en un piletón.

viernes, 23 de septiembre de 2011

DERRAPADO

Descongelando el freezer la noche lo encontró. Sería la medianoche cuando el patio cruzo. Bolsas y bolsas. El pijama derrapado. La mirada de un sonámbulo. Si habría sido noche de luna llena, esta lo hubiese iluminado. 
En la oscuridad las bolsas cual asno cargo. Comida semicongelada. Piezas de asado. Milanesas. Un pollo deshuesado. Una a una fue acomodando. En el baúl del auto cavieron. El puzzle del horror en minutos conformo. Satisfecho la frente se seco. Éxtasis. Bienestar. La adrenalina en ese cuerpo prospero.
Cuando la acción había terminado una neurona funciono. Una sola. No pidas mas. No le pidas peras al olmo. La que funciono una cosa le susurro: "Locura estáis cometiendo". Nada más. El pijama derrapado. El cerebro en estado de shock. El baúl cargado y el pollo sangrando. Seguramente en ese momento cuenta se dio. De la locura cometida. De las piezas derretidas. Tal vez algún pensamiento le indico lo que tendría que hacer. Ni idea. Pero él en medio de la noche las bolsas llenas de comida al freezer devolvió.

sábado, 20 de agosto de 2011

ARDUO

"Señora quédese tranquila que nosotros nos encargamos". Con un pucho en la mano, con el rostro cansado percibió que la aterciopelada mujer miedos guardaba. Un titubeo. El acento aporteñado. El que dirán y el temor al engaño. Ella dijo que le parecia bien, que cierre bien las puertas y que no se olviden de las alforjas. "Usted quedese tranquila", insistió el buen hombre y ella salio caminando. Temblando. Tal vez, llorando.
Deshacerse de la casa de sus padres. Dejar atrás el pasado no era fácil. Según ella lo mejor había pasado.

jueves, 18 de agosto de 2011

PRESAS

Leopoldo Presas coronaba la sala de estudio. Pequeñas piezas japonesas se escondían en el sinnúmero de mesitas que aburridas se distribuían en ese imponente salón. Un biombo resguardaba a la magnifica estatua de Mercurio que indomable se escondía detrás. Las aburridas teorías lacanianas. El trago amargo de saber que habría que rendir y zafar se iban consolidando.
La mucama falto pues a Chaco viajo. El mate seguía enfriándose y la dueña de casa no osaba moverse. El frío avanzaba. Clara en su lugar se pellizcaba la cara. Las teorías lacanianas la aburrían. "En casa yo no hago nada", me contesto cuando le dije que se pare y busque agua. Caprichosa siguió leyendo y mis entrañas se revolvieron. Si papá la hubiese visto la hubiese hecho guillotinar.
Mi prima era malcriada pero ese día posta que se pasaba.

martes, 16 de agosto de 2011

ESCALERAS

Bajando las escaleras. La mirada puesta en mi. Las copas en las respectivas manos. Algún que otro pirómano. Vicentico de fondo. Los fondos tan necesarios, que atmósferas crean. La cintura. Los rizos dinámicos. El charme que no se puede olvidar. Bajo. Bajo. El ritmo erotiza. Las palmas y las guardas. El calor de diciembre. El color de enero. El viento de febrero. El regocijo de niño. La niña mimada. La mujer deseada.

Bajando las escaleras. La mirada puesta en mi.

miércoles, 10 de agosto de 2011

VERSAILLES

Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.
La guía en mano. El sol rajando. La excitación de conocer mas de trescientas iglesias y museos en un día. El bolso lleno de recuerdos elegantes para lucir a la vuelta como parte de la royalty. Una sonrisa cansada pero muchas ganas de seguir. "Sino lo hacemos ahora", apunto ella tomando un poco de agua. "Cuando lo hacemos", concluyo. El módico precio. El tener dos semanas libres la llevo a recorrer contenta esa joya de las afueras de París.
Varios americanos comparaban la vista de uno de los laterales con lo aprendido en la universidad. Los años en Yale habían servido para algo. El sueño americano forjado en sus almas era necesario. Luego de trabajar duro habían llegado. La conferencia. La convención mundial con sus banderas y ganas de vivir. La manera de hacer negocios y ser buen vendedor se enseñaban en un hotel bien en el centro de la Ciudad Luz. Por esas cosas, habían escapado, en su día free
La brasilera jugaba con la cámara y grandes tomas sacaba. El gran palacio había registrado y algún proyecto con ese material gestaría. No le importaba que en algunas fotos no halla salido su marido feliz. Demasiados retratos de él se habían tomado durante su gira por el país. El ser diputado no era simple y menos en aquel pedazo de tanta tierra que es el Brasil. 
Las argentinas, por su parte, recorrían tranquilas la cámara del rey Luis. Alejadas del malestar social imperante. De los saqueos y cortes de luz en el centro. De las cadenas oficiales y de las ordenes judiciales. Del piquete y del regalenme tu juguete. Los fatídicos días de diciembre era el avance de lo que se vendría. El 2002 las esperaba. No sabían lo que se venían. Por ello caminaban embellecidas por ahí.
Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.

JOAQUIN

Ternura encinta. Meses de espera singular. Nadie sabe como ella lo que es ser mamá. En su mente, recuerdos varios se marean y en sus brazos él juega con el papá. Todo fue de repente. La vida misma en el vientre se fue forjando. Como el hierro viejo, el calor lo fue formando. No faltaron gritos o arrebatos. No faltaron. Pero en la luz misma del día. En la luz misma de la noche, el niño se fue consolidando. 
En el vientre de la madre, nadando, allí fue naturalizando lo placentero y gozoso que es vivir. En el vientre de la madre, nadando, fue chocando con las paredes, sabiendo que, por momentos, también es duro el vivir. Allí en su pecera divina. En el sagrario materno Joaquín nueve meses vivió.

martes, 9 de agosto de 2011

QUIERO MÁS

No había que parar. La música pedía más. Nos invitaba a más. Nos hacía desear. Nos hacía vibrar. Y vibrábamos como nunca vibrábamos. Las luces. Las gafas tan necesarias. Ese perfume a rosas y la cabeza esquiando por allá. Acá nadábamos. Acá bailábamos y sentíamos lo que nunca habíamos vibrado. Fuegos artificiales y Dumbo nadando. Pluto jugaba al scrabble con papá. En la cocina, el agua mineral de los grifos no paraba de emerger. Allí era el coito total. Nada podría haber sido más plástico y entusiasmante.
Era eso y ya. Era genial.

viernes, 5 de agosto de 2011

MADE IN U.S.A.

Lo sabía. Le encantaba. Anunciando que el desempleo bajaba, la miro a su compañera y sonrió. El movimiento justo. La mirada perfecta y la formula del ensueño. "Mi objetivo es hacer de este un gran país". Las banderas ondeaban con fuerza y el saber que ya sus dichos en la Costa Este estarían siendo analizados, lo excito. Gran placer le generaba eso. De ahí las pocas ganas de meterse en la cama con ella.
A su lado, las chiquillas observaban con tedio esa muchedumbre que ante cada palabra que su padre vociferaba, gritaba. Estar ahí escuchando estadísticas y exclamaciones varias las fastidiaba. A su edad jugar era la que va. Largas horas pasaron. Un bostezo fue señal que el tedio llegaba al techo. Un reportero las engancho. Justo. En el momento en que una se apoyaba en su hermana, el flash disparo. "La ternura en tiempos de deuda". La tapa que él necesitaba. La causante de que millones de ejemplares en un día se vendiesen.
Muchos años después, en el rancho en Oregon, aquellas tapas fueron encontradas. Dos niñas tan guapas como aquellas pequeñas damas sonrieron. Sus madres se dormían. En el podio. A la vista de todos. Con el abuelo anunciando. Se imaginaron la euforia del pueblo. El sinsabor de estar allí en vez de estar jugando. "Mira como mamá se duerme". 
Ellas rieron y, entusiasmada, la abuela Michelle un gran cuento les contó.

jueves, 4 de agosto de 2011

ENSAIMADA

Había llegado de Buenos Aires algo cansado y entusiasmado con conocer al nuevo niño que acababa de nacer. "Vamos juntos. Yo los llevo". Enfilando para el sanatorio por la Avenida de los Naranjos circulamos. El saber que no iba a poder estar más que una semana lo hizo empalidecer. "Quiero estar para el Día de Nuestra Señora de la Merced en la casa de Camila. Esta deprimida y encima el gobierno le quito la casa que le pertenecía". El tren anunció que pasaba y la anécdota de que a Martina le gustaba la ensaimada contó. La risa fue el ingrediente absurdo que aporte. No me generaba gracia pero fue lo lo que experimente. Afecto ante tanto amor.
El chiquito nació con cuatrocientos gramos de peso y una sonrisa atravesó a la familia entera. Como nunca, nos abrazamos y celebramos por este nuevo ser. El abuelo lo vio y un suspiro de aliento le ofreció. "Sangre de mi sangre", anunció y en una gran danza emergió el amor. Danzamos con las enfermeras y los médicos de guardia. El policía cuya pareja había perdido fue recompensado con la danza de vientre que le ofreció mi prima. El bienestar en la clínica fue haciéndose cada vez más intenso hasta que un enfermero a la vieja usanza, pidió que hagamos silencio en ese solar que se asemejaba a una morgue. 
Con el abuelo volví y nuevamente contó que a Martina le encantaba un postre que en ese momento el nombre no recordaba. "Ensaimada", le plantee y una gran sonrisa le genere. Reímos de vuelta y contento a lo de Camila se fue.

lunes, 25 de julio de 2011

SCHWARZENEGGER

Su foto ocupaba un lugar privilegiado. Cual dios postmoderno todos los ambientes iluminaba. Su cuerpo lustroso. Su juventud inmaculada. Esa sunga siempre tirante y esa sonrisa. Estimulante. Divina. Radiante como toda estrella. La divinidad estaba ahí. Dándonos la fuerza necesaria para seguir. Todo lo podríamos lograr si disciplina teníamos. "Tu puedes", lo oí susurrar. En medio de ese éxtasis mental, la puerta se abrió.
Él llego. Con su jogging viejo y la remera de Miami. Gastada. Desaturada. Nada hubiese sido más genial que verte entre esos aparatos comprados hacía años. La convertibilidad los había hecho surgir. Veinte años no son nada. El ventilador tenía poca fuerza. Andaba hasta ahí nomas. El vaho de sudor mezclado con desodorantes. Cuerpos de ébano y flacos con sacos de huesos. Algunos cansados de tanto ejercicio. Otros desconcertados de estar en el Paraíso. Desde la pared, el gobernador de California nos miraba. Su sonrisa nos fortalecía. Realmente nos daba esperanza.
Vos hiciste la rutina de todos los días. Yo también. Ambos nos cansamos y logramos opuestos resultados. Mi saco de huesos siguió siendo eso. En cambio, tu cuerpo se asemejaba cada vez más a aquella divinidad que desde la pared nos miraba. No basto una hora. Fueron dos. Tal vez tres en las que exhaustos quedamos. Las ganas de una ducha escocesa más fuertes se hacían. El sauna finlandes. 
Lo europeo iba haciéndose más deseable. Lo americano iba siendo desechado. Desde la pared, Arnold nos alumbraba.

CAMPANA

"Todo va a cambiar". La pollera se acomodo y miro la enciclopedia que estaba leyendo. Por debajo de la escalera emergió un sonido angustiante. "¡Como grita tu padre!". Siempre que dormía, papá, en sueños, gritaba. En el silencio de la casa esos gritos filosos rompían la paz del hogar. Levantarse a cerrar la puerta hubiese sido demasiado. Con el tintineo de la campana, Rosa llego. "Cierre la puerta por favor". Rosa obedeció. 
Con la puerta cerrada ella siguió disfrutando de los museos del mundo. "Cuando este en París al Museo de Orsay vamos a tener que ir si o si ¡Tantos lugares me vuelven loca! ¿Cómo haremos para no enloquecer?". Fastidiada ante la idea de no poder visitar la Ciudad de las Luces de punta a punta volvió a tocar la campana. El paño para lustrar la platería en la mano. La cara de resignación que atesora grietas y gritas llego. "Rosa me traería si sería amable el celular que lo deje en la pileta". Ella asintió. El paño en el sofá dejo. Un grito agudo lo hizo quitar. "Está recién tapizado. Pero por favor. Es una desgracia. No se cuida nada en esta casa". El dolor de ver el trapo en el sofá te genero un bajón anímico. "Tráeme un vaso de güisqui queres de una vez". El maltrato no bajaba. Ningún bajón lo hubiese alterado.
Contra mi voluntad, busque el bendito vaso y fue ahí cuando mi cerebro genero ideas que hoy me tienen en prisión. No se que se me paso por la cabeza. La idea justa no la tengo. No puedo decir fue tal o tal otra razón. No. Razón no hubo. Pero si hubo un hartazgo en el corazón. Las ganas de hacerle frente a tanta superficialidad. El deseo de gritar con toda mi fuerza. El hastío de verla en ese estadio tan singular. Basta. De mis entrañas saque un potencial que desconocía. La botella de güisqui en puñal se convirtió. El mal se encarneció y ella sin embargo, en medio de ese mar de sangre la campana toco.  

domingo, 24 de julio de 2011

FALSAS VIUDAS

Hipocresía. Viudas que no son viudas ¿A qué juego estamos jugando? Lágrimas de cocodrilo y rostros congojados. Manos llenas de pañuelos de papel. Pastillas de menta y grandes gafas. Así viste la viuda, la falsa viuda.
El rosario que otrora ocupaba sus manos, por ratos, hoy lo ocupa el celular. Llamadas misteriosas y escuetas, ¿será que la viuda se ha vuelto a casar? Entre cada llamado la señora saluda, agradece, abraza, se oscurece. Su conciencia inquieta esta. La pose le empieza a molestar. El celular no para de sonar. Los pañuelos caen de sus manos. La pastilla gastada, insulsa esta.
Las gafas se quita y ahí aparece la verdadera viuda. Ahí aparece la femme total.

viernes, 22 de julio de 2011

SUAVIDAD

El sol con su suavidad nos acariciaba mientras vos poco a poco ibas sacando de adentro tanto dolor. El haberla visto con ese turbante en la cabeza, llena de nervios y de ganas de partir fue duro. "Nos conocemos de toda una vida", me repetiste más de una vez. Yo te confesé en el marco de confianza que tenemos que lo que habías visto había sido heavy. 
Las manos recorriste con la mirada, estudiandolas, cortejandolas. Cual cirujano supiste que en algunos puntos tendrías que cortar. "Si estaría en casa, me sacaría este pellejo. Es el invierno". La ternura del día nos siguió cobijando y lentamente el tiempo fue pasando. 

jueves, 21 de julio de 2011

CONFESIONES

"Gorda no te preocupes por mí. En serio deja que yo me ocupo". Con la pila de platos maldeciste el día en que la mucama se tomo franco. Él te miro con una sonrisa en la boca y tu cuñada siguió contando sus vacaciones en el exterior. Varias botellas yacían vacías en la mesa del living. Las luces bajas y ese jazz que a él tanto le gustaba. Sin embargo había que escucharla a ella. Era genial, según decían. "Eduardo tenes que llevarla a la Negra a New York, le va a encantar. Hay unos museos increíbles, unas tiendas en la Quinta Avenida que son un sueño. Con Rafa nos compramos todo". Obnubilado Rafa chateaba. Ella confirmaba que el viaje les había hecho mucho bien. "Nuestro matrimonio resucito. Te lo cuento y se me caen las lagrimas". Un gran silencio se hizo mientras ella lloro y lo contó lo que tenía que contar. Los maltratos, los golpes en el establo en esa infancia tan dura que vivió en el Conurbano. Cuando las lagrimas mermaron, Rafa la abrazo y le pidió perdón por muchas cosas. Eduardo hizo las veces de conductor de talk show y psicólogo recibido en la universidad de las madres. Irene llego con las tazas para el café y se encontró con una escena peculiar. Los tres de la mano confesando el dolor que en sus corazones había ido agrietando la vida familiar. Uno a uno fueron contando esos detalles, esas miradas, esos comentarios que tanto resentimiento habían generado. Irene fue la última en terminar. Demasiado odio había cargado. Ella, la que viajaba y tenía un matrimonio resucitado, le regalo un broche de oro. "Perteneció a Evita". Ambas se abrazaron y lloraron. Rafa lo abrazo a Eduardo y confesaron que sí se compraban una finca le pondrían Los Abrazos.
Ni bien termino la novela, le mande un mensaje a mi viejo y le dije que me perdone por tantas cruces. La novela me había pegado. Actúan tan bien que te trasmiten mucho. Él no respondió, lo cual me sorprendió. Siempre contesta y al toque. 
Todo lo entendí más tarde. Cuando le mande el mensaje, a la media hora murió. 

MÁS ALLA

No te hagas cabeza con él. No gastes ni media neurona que encima no tenes. No le pidas peras al olmo. Relájate y goza ¿Que queres que comamos? ¿Caviar? ¿Arroz con pollo? Hoy te juro que te cocino pero solo porque estas mal. Hoy. Solo por hoy como diría Coto. No jodas y pedí algo. Dale man. No me canses. Game over sino. Afloja. Dúchate y vení para acá que te noto mal. Peor que nunca diría yo ¿Qué si me río? Me río de todo. De vos. De mí. La decadencia en persona es él. Dale. No andes con vueltas que hoy estoy en la cumbre del Más Allá.
Apúrate. Disfruta más. La vida es rápida. Demasiado. Apreta Start y empezá. 

ESCOCES

"¿Lee mucho?". La pregunta del millón. Con sus gafas ultralivianas y ese acento escoces entremedio de un castellano poco trabajado lo escuchaba. Él sabía que ella lo miraba y eso le generaba mucho placer. Muchísimo más del que te imaginas. Mi primo pintaba esos cuadros poco convencionales. Seré parco y no me entrometeré diciendo lo que no he de decir. "¡El Miguel Ángel de la familia!", planteo eufórica mi tía. Con sus melones colgantes se sentó en la galería y exigió algo fresco. Claudia la escucho y a la cocina ingreso. Sofocada estaba. El uniforme la ahogaba.
La escocesa repetía con una intensidad agotante lo genial que sería meterse en la pileta. "Gustarme mucho nadar. Chica nadaba y competía". Una sonrisa fue la respuesta que su brutal castellano recibió. Trate de cambiar de tema. No tenía ganas de que por la tarde se quede. Haber almorzado juntos ya había sido sacrificado. Por todos los medios, necesitaba que de casa la saquen. "Papá llévala a recorrer el barrio. No la banco más". Él me miro desencantado. Como si en el mal hijo me hubiese por esa frase transformado. "No valoras la formación que te estamos dando". Un embole me recorrió el cuerpo pero poco me intereso. El que se la lleven un rato era más que un favor, era un favorazo. 
La tía comentaba que no veía la hora que el técnico le arregle el aire acondicionado. Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina sobre una fuente de yeso que en un supermercado había comprado. Con decoupage aspiraba a convertirse en la revelación del año. En el quincho la escocesa se desnudo. Él también. Ambos disfrutaron de poder ver por encima de aquel que ingenuamente intercambios universitarios estaba gestionando.

martes, 19 de julio de 2011

MALESTAR

La tarde del sábado era potencialmente melancólica. Todo estaba dispuesto para que así vibre. Una reunión familiar. Mujeres hablando de política. Quejas contra el sindicalismo y esos dictadores de África. “¡Es un espanto lo que se esta viviendo en África! Yo no se como va a terminar esto pero me tiene más que preocupada”, confirmo ella mientras disfrutaba de una bola de fraile rellena de dulce de leche. “¡Que rico!”, exclamo. La aristocracia venida a menos tenía voz, voto y, ante todo, paladar.
Un hombre con una elegante chomba. Colorada para algunos, roja para otros. Horrorosa para todos y todas. Busca almendras, libélulas o gorriones. En sí no entiendo que buscaba pero si que al cielo miraba ¿Tal vez los extraterrestres lo vendrían a buscar? Ni idea pero al cielo miraba y lo peor, lo hacia entusiasmado. Una extraña emoción emergía de esos celestes ojazos. “Se viene el otoño”, expreso. Para arriba miraron los tres como si el otoño emergiese de los cielos…
Una mujer con la pierna marchita. Ya hacía más de una semana que desde la cama chillaba y lloraba haciendo que la vida hospitalaria se instalara en casa. Un refugio de la Cruz Roja, un asilo de ancianos, un orfanato en la Revolución Industrial. Espantosamente habíamos tenido que escucharla. Sus quejas no paraban pero a la luz del sol confirmaba que la pierna estaba mejor. “¡A Dios gracias!”, apunto su aristócrata madre.
Todo se iba desvaneciendo, el sol iba perdiendo su fuerza pero no así el día. El día seguía siendo triste. Y ellos seguían debatiendo. Enojados con el mundo, embroncados con un país que tanto nos necesita. Encerrado leía tratando de no escuchar. No quería que el hombre de colorado punzo me contamine. Tampoco quería que las mujeres me carcoman mentalmente. Había padecido demasiado visualmente, no quería que me maltraten más. No quería pero por más que luchaba, todo me generaba un malestar arduo…

MIRADAS

Alta costura. Dos mujeres charlaban de Valentino. Por esas cosas de la vida la conversación derivo en canes. No la ciudad sino el animal. Una de ellas confeso que tenía debilidad por los perros. "A mi me matan los caniche. En la Argentina tenemos cinco. Vos sabes que mi familia fue la que los introdujo en el país". Quien escuchaba, tomó una de las copas de la barra y sigilosamente dijo qué la espere un minuto. La dueña de cinco caniche saco la base y se retoco.
En el baño el desconche empezaba. Largas colas. Gente de todas las razas y religiones. Dos empleados iban dando indicaciones. Ella llego. Su belleza, su exótico acento y esa elegancia la hicieron pasar rápido entre esa muchedumbre. Todos le daban paso. El empleado la reconoció. "Antes nos cruzábamos en la Rue Royale, ahora acá ¡Me quiero matar!". Su piel aceitunada acentuó la blancura de esos dientes perfectos. "¿No entiendo qué haces acá? Si tu padre fortunas tiene". La sonrisa volvió a encenderse y ese ambiente lúgubre y vacuo se ilumino. Dos croatas pasaron al baño y nuevamente puso la barrera. No le importo la multitud. 
En ese contexto se puso a contar cómo se había cansado del maltrato que su padre tenía hacía los empleados. "Tome el tren en París y me vine a Ámsterdam a empezar de cero. Ya era desagradable lo que estaba viendo en casa y lo más triste es que nada podía hacer". Ella quedo encandilada ante lo que escuchaba. "Te entiendo al cien por ciento. En casa era lo mismo, por eso escape". Dos rusas dejaron libre un cubículo y ella accedió a eso que parecía tan deseado: el baño.
La argentina con su hidalguía y árbol genealógico a prueba de balas espero. Un rato se la banco y luego la soledad le pego. Un húngaro de grandes manos le hizo compañía. "Me encantas", se dijeron. Ella en inglés británico. Él en americano. Ambos intercambiaron números de móvil y se ficharon toda la noche. 
Miradas van. Miradas vienen.

PARÍS

Pusieron la mejor vajilla. Invitaron a aquellos amigos que amaban locamente pero nunca veían. Lo cual no lo entiendo. Dos grandes reflectores iluminaban las molduras de una casa cien por ciento reciclada. Ambiente festivo y sonrisas risueñas. El vino sabía riquísimo. Las mujeres de la familia se peleaban por conseguir el mejor puesto en esa mesa larga y sugestiva. "El mantel era de la casa de mis padres", apunto la más aristocrática ante la mirada perdida de la más campechana. Un pollo a la mostaza y varios aplausos por los veinticinco años. "Por muchos más", atino a decir la cuñada vestida de color ciruela. El esposo feliz sonrió mientras su mujer le vaticinaba que había gato encerrado. "¿No te parece?", le consulto en ese confesonario que es la cocina. "Puede ser", contesto con su nihilismo habitual.
Muchos nervios en la mesa fueron expresión de que sí, había gato encerrado. "Dale el regalo", grito la gringa con un pedazo de pan en la mano. "Búscalo en la cartera",indico ella con el dedo encerado. Los esposos se miraron emocionados pensando en lo que se venía. La emoción se hizo presente y temblando abrieron el paquete. "¿Qué sera?", se preguntaron. La mesa entera miraba el sobre como si estuviesen viendo un programa de televisión. 
"¡París!". La que no escuchaba nada pero no se perdía una noticia del espectáculo deliro que la nieta del magnate americano había llegado. "Elena usted me hubiese avisado. De saber me hubiese emperifollado". Ella la miro con desdén y le dijo que no diga estupideces. "Es de cuarta esta mujer", por dentro pensó. Los esposos estaban extasiados al enterarse que París era su próximo destino. No supieron como expresar tanta emoción. El sin querer se orino y ella de los nervios se cayo. "¡Estoy bien!", dijo y la mesa entera se cargo de carcajadas. 
El gran viaje había llegado. Veinticinco años de amor tenían su premio. "Tráeme cremas que las francesas son buenas". "A mi cómprame una replica exacta de la Gioconda que después te doy la plata". "No se olviden de visitarla a Monica que vive ahí". Cada uno fue haciendo su aporte psicológico. El gran viaje se cargaba de pedidos enquistados de seres muy pero muy emocionados.