miércoles, 10 de agosto de 2011

VERSAILLES

Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.
La guía en mano. El sol rajando. La excitación de conocer mas de trescientas iglesias y museos en un día. El bolso lleno de recuerdos elegantes para lucir a la vuelta como parte de la royalty. Una sonrisa cansada pero muchas ganas de seguir. "Sino lo hacemos ahora", apunto ella tomando un poco de agua. "Cuando lo hacemos", concluyo. El módico precio. El tener dos semanas libres la llevo a recorrer contenta esa joya de las afueras de París.
Varios americanos comparaban la vista de uno de los laterales con lo aprendido en la universidad. Los años en Yale habían servido para algo. El sueño americano forjado en sus almas era necesario. Luego de trabajar duro habían llegado. La conferencia. La convención mundial con sus banderas y ganas de vivir. La manera de hacer negocios y ser buen vendedor se enseñaban en un hotel bien en el centro de la Ciudad Luz. Por esas cosas, habían escapado, en su día free
La brasilera jugaba con la cámara y grandes tomas sacaba. El gran palacio había registrado y algún proyecto con ese material gestaría. No le importaba que en algunas fotos no halla salido su marido feliz. Demasiados retratos de él se habían tomado durante su gira por el país. El ser diputado no era simple y menos en aquel pedazo de tanta tierra que es el Brasil. 
Las argentinas, por su parte, recorrían tranquilas la cámara del rey Luis. Alejadas del malestar social imperante. De los saqueos y cortes de luz en el centro. De las cadenas oficiales y de las ordenes judiciales. Del piquete y del regalenme tu juguete. Los fatídicos días de diciembre era el avance de lo que se vendría. El 2002 las esperaba. No sabían lo que se venían. Por ello caminaban embellecidas por ahí.
Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.

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