Lo sabía. Le encantaba. Anunciando que el desempleo bajaba, la miro a su compañera y sonrió. El movimiento justo. La mirada perfecta y la formula del ensueño. "Mi objetivo es hacer de este un gran país". Las banderas ondeaban con fuerza y el saber que ya sus dichos en la Costa Este estarían siendo analizados, lo excito. Gran placer le generaba eso. De ahí las pocas ganas de meterse en la cama con ella.
A su lado, las chiquillas observaban con tedio esa muchedumbre que ante cada palabra que su padre vociferaba, gritaba. Estar ahí escuchando estadísticas y exclamaciones varias las fastidiaba. A su edad jugar era la que va. Largas horas pasaron. Un bostezo fue señal que el tedio llegaba al techo. Un reportero las engancho. Justo. En el momento en que una se apoyaba en su hermana, el flash disparo. "La ternura en tiempos de deuda". La tapa que él necesitaba. La causante de que millones de ejemplares en un día se vendiesen.
Muchos años después, en el rancho en Oregon, aquellas tapas fueron encontradas. Dos niñas tan guapas como aquellas pequeñas damas sonrieron. Sus madres se dormían. En el podio. A la vista de todos. Con el abuelo anunciando. Se imaginaron la euforia del pueblo. El sinsabor de estar allí en vez de estar jugando. "Mira como mamá se duerme".
Ellas rieron y, entusiasmada, la abuela Michelle un gran cuento les contó.
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