jueves, 18 de agosto de 2011

PRESAS

Leopoldo Presas coronaba la sala de estudio. Pequeñas piezas japonesas se escondían en el sinnúmero de mesitas que aburridas se distribuían en ese imponente salón. Un biombo resguardaba a la magnifica estatua de Mercurio que indomable se escondía detrás. Las aburridas teorías lacanianas. El trago amargo de saber que habría que rendir y zafar se iban consolidando.
La mucama falto pues a Chaco viajo. El mate seguía enfriándose y la dueña de casa no osaba moverse. El frío avanzaba. Clara en su lugar se pellizcaba la cara. Las teorías lacanianas la aburrían. "En casa yo no hago nada", me contesto cuando le dije que se pare y busque agua. Caprichosa siguió leyendo y mis entrañas se revolvieron. Si papá la hubiese visto la hubiese hecho guillotinar.
Mi prima era malcriada pero ese día posta que se pasaba.

martes, 16 de agosto de 2011

ESCALERAS

Bajando las escaleras. La mirada puesta en mi. Las copas en las respectivas manos. Algún que otro pirómano. Vicentico de fondo. Los fondos tan necesarios, que atmósferas crean. La cintura. Los rizos dinámicos. El charme que no se puede olvidar. Bajo. Bajo. El ritmo erotiza. Las palmas y las guardas. El calor de diciembre. El color de enero. El viento de febrero. El regocijo de niño. La niña mimada. La mujer deseada.

Bajando las escaleras. La mirada puesta en mi.

miércoles, 10 de agosto de 2011

VERSAILLES

Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.
La guía en mano. El sol rajando. La excitación de conocer mas de trescientas iglesias y museos en un día. El bolso lleno de recuerdos elegantes para lucir a la vuelta como parte de la royalty. Una sonrisa cansada pero muchas ganas de seguir. "Sino lo hacemos ahora", apunto ella tomando un poco de agua. "Cuando lo hacemos", concluyo. El módico precio. El tener dos semanas libres la llevo a recorrer contenta esa joya de las afueras de París.
Varios americanos comparaban la vista de uno de los laterales con lo aprendido en la universidad. Los años en Yale habían servido para algo. El sueño americano forjado en sus almas era necesario. Luego de trabajar duro habían llegado. La conferencia. La convención mundial con sus banderas y ganas de vivir. La manera de hacer negocios y ser buen vendedor se enseñaban en un hotel bien en el centro de la Ciudad Luz. Por esas cosas, habían escapado, en su día free
La brasilera jugaba con la cámara y grandes tomas sacaba. El gran palacio había registrado y algún proyecto con ese material gestaría. No le importaba que en algunas fotos no halla salido su marido feliz. Demasiados retratos de él se habían tomado durante su gira por el país. El ser diputado no era simple y menos en aquel pedazo de tanta tierra que es el Brasil. 
Las argentinas, por su parte, recorrían tranquilas la cámara del rey Luis. Alejadas del malestar social imperante. De los saqueos y cortes de luz en el centro. De las cadenas oficiales y de las ordenes judiciales. Del piquete y del regalenme tu juguete. Los fatídicos días de diciembre era el avance de lo que se vendría. El 2002 las esperaba. No sabían lo que se venían. Por ello caminaban embellecidas por ahí.
Aquellos jardines que alguna vez los Luises caminaron con sus cortes y amantes. Esas fuentes llenas de dioses y semidioses posando. Los cuerpos marcados y los nenúfares encantados. Aquellos salones en los que los triunfos celebraron. Esa historia que iban forjando alejados de París. Esas paredes inmaculadas. Los muebles trabajados y estilizados. Aquellos pasadizos por los que secretos iban y venían. Donde el que dirán existía y el era el dios que los seguía. Aquellos sitios y recovecos eran visitados por una turba de curiosos que por esas cosas de la vida había llegado a París.

JOAQUIN

Ternura encinta. Meses de espera singular. Nadie sabe como ella lo que es ser mamá. En su mente, recuerdos varios se marean y en sus brazos él juega con el papá. Todo fue de repente. La vida misma en el vientre se fue forjando. Como el hierro viejo, el calor lo fue formando. No faltaron gritos o arrebatos. No faltaron. Pero en la luz misma del día. En la luz misma de la noche, el niño se fue consolidando. 
En el vientre de la madre, nadando, allí fue naturalizando lo placentero y gozoso que es vivir. En el vientre de la madre, nadando, fue chocando con las paredes, sabiendo que, por momentos, también es duro el vivir. Allí en su pecera divina. En el sagrario materno Joaquín nueve meses vivió.

martes, 9 de agosto de 2011

QUIERO MÁS

No había que parar. La música pedía más. Nos invitaba a más. Nos hacía desear. Nos hacía vibrar. Y vibrábamos como nunca vibrábamos. Las luces. Las gafas tan necesarias. Ese perfume a rosas y la cabeza esquiando por allá. Acá nadábamos. Acá bailábamos y sentíamos lo que nunca habíamos vibrado. Fuegos artificiales y Dumbo nadando. Pluto jugaba al scrabble con papá. En la cocina, el agua mineral de los grifos no paraba de emerger. Allí era el coito total. Nada podría haber sido más plástico y entusiasmante.
Era eso y ya. Era genial.

viernes, 5 de agosto de 2011

MADE IN U.S.A.

Lo sabía. Le encantaba. Anunciando que el desempleo bajaba, la miro a su compañera y sonrió. El movimiento justo. La mirada perfecta y la formula del ensueño. "Mi objetivo es hacer de este un gran país". Las banderas ondeaban con fuerza y el saber que ya sus dichos en la Costa Este estarían siendo analizados, lo excito. Gran placer le generaba eso. De ahí las pocas ganas de meterse en la cama con ella.
A su lado, las chiquillas observaban con tedio esa muchedumbre que ante cada palabra que su padre vociferaba, gritaba. Estar ahí escuchando estadísticas y exclamaciones varias las fastidiaba. A su edad jugar era la que va. Largas horas pasaron. Un bostezo fue señal que el tedio llegaba al techo. Un reportero las engancho. Justo. En el momento en que una se apoyaba en su hermana, el flash disparo. "La ternura en tiempos de deuda". La tapa que él necesitaba. La causante de que millones de ejemplares en un día se vendiesen.
Muchos años después, en el rancho en Oregon, aquellas tapas fueron encontradas. Dos niñas tan guapas como aquellas pequeñas damas sonrieron. Sus madres se dormían. En el podio. A la vista de todos. Con el abuelo anunciando. Se imaginaron la euforia del pueblo. El sinsabor de estar allí en vez de estar jugando. "Mira como mamá se duerme". 
Ellas rieron y, entusiasmada, la abuela Michelle un gran cuento les contó.

jueves, 4 de agosto de 2011

ENSAIMADA

Había llegado de Buenos Aires algo cansado y entusiasmado con conocer al nuevo niño que acababa de nacer. "Vamos juntos. Yo los llevo". Enfilando para el sanatorio por la Avenida de los Naranjos circulamos. El saber que no iba a poder estar más que una semana lo hizo empalidecer. "Quiero estar para el Día de Nuestra Señora de la Merced en la casa de Camila. Esta deprimida y encima el gobierno le quito la casa que le pertenecía". El tren anunció que pasaba y la anécdota de que a Martina le gustaba la ensaimada contó. La risa fue el ingrediente absurdo que aporte. No me generaba gracia pero fue lo lo que experimente. Afecto ante tanto amor.
El chiquito nació con cuatrocientos gramos de peso y una sonrisa atravesó a la familia entera. Como nunca, nos abrazamos y celebramos por este nuevo ser. El abuelo lo vio y un suspiro de aliento le ofreció. "Sangre de mi sangre", anunció y en una gran danza emergió el amor. Danzamos con las enfermeras y los médicos de guardia. El policía cuya pareja había perdido fue recompensado con la danza de vientre que le ofreció mi prima. El bienestar en la clínica fue haciéndose cada vez más intenso hasta que un enfermero a la vieja usanza, pidió que hagamos silencio en ese solar que se asemejaba a una morgue. 
Con el abuelo volví y nuevamente contó que a Martina le encantaba un postre que en ese momento el nombre no recordaba. "Ensaimada", le plantee y una gran sonrisa le genere. Reímos de vuelta y contento a lo de Camila se fue.