sábado, 25 de junio de 2011

COCA Y CAVIAR

“Una Coca – Cola y caviar, ¿tienen del noruego?  Lo probé el otro día y estaba brutal”. Eclecticismo puro. Postmodernidad fatal.
La angustia sobrepasa lo audible, lo pensable. Nadie quiere escuchar la palabra vacío y, sin embargo, todos y todas la sentimos. La Coca – Cola como siempre riquísima y los transeúntes de todos los días. Algunos chic, otros no tanto.
La cabeza estalla mientras las burbujas se hacen dueñas de mi garganta. “¿Qué me pasa que estoy tan mal?”. Las lágrimas atinan a salir pero algo irrumpe. Llego el caviar.
Riquísimo como la otra vez. Deseable pensar en algo que no sea mi malestar. De las entrañas emergen vibraciones bajas y negativas. La verdad me quiero matar. “¿Cómo haré para salir de acá?”.
Un transeúnte me mira. Se saca los auriculares y me observa con cierta felicidad. Los ojos le brillan y yo me quiero matar. “¿Pero que mira este tipo? Si esto no es espectacular”. Mi autoestima esta baja y el caviar es un manjar.
Tiempo de reflexiones. El mozo me pregunta si quiero algo más. Le digo que no, que retire el servicio y me deje un rato en paz. “¿Le gusto el caviar?”. “No me gusto, me enloqueció man”. El mozo ríe.
Desde la calle el que me mira, sigue mirándome. Saca su Blackberry y se pone a charlar. Habla con ademanes, muchos ademanes. “¿Será italiano?”, pienso. Unas ganas de champagne me inundan. “Tráigame el mejor”. El buen mozo asiente.
Con la copa en la mano, lo sigo viendo. Ese italiano es un crack.

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