miércoles, 6 de julio de 2011

DIVÁN

Me pides que te hable, que te cuente algún secreto y la verdad que no tengo nada para contarte. Solo tengo lagrimas para derramar y carcajadas en el diván ¿Qué si te estoy proponiendo algo? Pero nada que ver man. Estoy genial escuchando música a la orilla del mar. Nada más placentero que estar acá. Lo de las lagrimas obvio que es un chiste, no te comas que te pido que hagas de psicólogo. De hecho, y, si mal no recuerdo, estudias ingeniería  nuclear, nada más alejado de las teorías de Lacán.
Lo que si es cierto es lo de las carcajadas en el diván. Extraño horrores estar jugando inocentemente en ese diván por el que jugaron mis ancestros. Papá quiere venderlo, dice que ocupa lugar en la sala y que no da para más. Realmente me opongo. Fehacientemente hare todo lo posible para que eso no suceda. Es por eso que te invito y ahora si te propongo algo...
No des vueltas, venite el sábado con Sebas que se viene para acá y así disfrutamos, como hacíamos el verano pasado, del diván. 
Me desconecto, no te cortes, la vamos a pasar genial...

lunes, 4 de julio de 2011

RECUERDOS

El tapado de visón junto a las copas Versace con sidra tiradas en el balcón. Ese piso de madera de cedro, esos cuadros, esa araña ¡Que brutal la pasamos! Tres meses en medio del lujo más mundano y en compañía de seres divinos. Mi mejor amigo, un primo y unas modelos que derrochan charme. Tres meses recorriendo palacetes y mansiones al mejor estilo Hollywood. Tres meses recordando que muchas cosas van y vienen y que lo que realmente importa es el amor, esa ternura que surge de amar y sentirse amado, reconocido.
Se me viene a la mente los desayunos junto a la piscina o las idas al teatro en limusina ¡Que divertida esa tarde en compañía de tu tía que se compraba todo lo que veía! Todavía ni vacié la valija, no me quiero bajar aún. Oníricamente estoy viajando de Palm Beach a New York.
¡Cuantas aventuras Dios mío! ¡Cuantos deseos de viajar locamente una vez más! Jamás olvidare lo que fueron esos días, esos meses tan únicos, en los que el champagne, la loza Versace eran moneda corriente, en los que reírnos era el modo más excelso de vivir. En los que no importaba el que dirán, sino el disfrutar y nada más.

CENA

Imbricados en sus sitios comienzan a cenar esperando que el silencio no los vaya a matar. No soportan el silencio, les produce verdadero tedio, lo cual no tienen tapujos de confesar. "Si estoy solo, pongo música, me deprimo sino".
“¡Que divertido!”, dice uno. “Trae agua”, ordena el de camisa verde. Comentarios sobre lo rico que esta el estofado, pequeñas carcajadas, chistes desgraciados van superponiéndose. De algo no hay dudas, no hablan, solo tapan silencios. Silencios que emergen a pesar de las quermeses verbales que todos establecen.
Nada ni nadie logrará silenciar el pasado, porque el pasado mismo presente esta. Nuestro cuerpo, nuestra mente, y lo más importante, nuestra alma por él atravesadas están. 
¿Cual es el problema?
¿Tanto miedo les produce el hecho de que el silencio hable de más? 


Ellos y ellas sabrán...

domingo, 3 de julio de 2011

FASCINACIÓN

Fascinado miraste la estatua. Durante un rato tus ojos fueron recorriendo ese cuerpo esculpido. "Es de 1925", me dijiste. La cámara de fotos fue la encargada de conservar cada una de esas miradas, cada angulo fue registrado.
Hacia un frío de morirse. Era sábado y todos salían. La firma caminaba por el boulevard.

SILENCIO Q

Viajar en auto con vos no era fácil, tampoco imposible.Un silencio sepulcral, helado se generaba. Nadie profería comentario. El silencio si. El solo hablaba y decía muchísimo más de lo que cualquiera habría podido haber dicho.
Tomaste la avenida Pellegrini, luego Dorrego. A Dios gracias habíamos llegado. 

viernes, 1 de julio de 2011

LAST DANCE

Una picada y unas buenas cervezas hicieron que ese atardecer un atardecer soñado. El rocío sobre la cancha de polo y Donna Summer de fondo. Vos y yo bailando mientras la mucama retiraba el servicio. “Traiga champagne”, ordene. Ella dijo que como no. Siempre tan educada. Vos dijiste alguna guasada y yo te di una patada. “Es muy sana, no quiero que se contamine con nosotros”. Bailamos. Last dance se ponía cada vez mejor.
Cuando el champagne llegó, nuestros cerebros ya estaban en cualquiera. “Gracias querida”, le dijiste. “¿Quién sos? ¿Verónica San Martín?”. Soltaste una risita decadente pero que importaba ¡El champagne había llegado!
Serví dos copas, de esas que compre aquella vez en París, y brindamos. Por un momento me sentí en una producción de la revista ¡HOLA! Ni bien terminamos de tomar ese néctar divino, seguimos bailando. Hacíamos cualquiera pero que nos divertíamos, nos divertíamos.
En un momento, vos me abrazaste y con tu fuerza me tiraste al piso. “Para tarado”. Last dance seguía vibrando.

DISFRUTE

El día había empezado de una manera bastante precaria. Lamentable despertarse con un llamado inexistente. Buscar entre las sabanas, encontrar el móvil y al momento de contestar, darse cuenta que ya fue, que la llamada es cosa del pasado. Nada, una desgracia. Una desgracia postmoderna.
Durante el resto del día hiciste lo de siempre. Tomar licuados, leer el Vogue, cuchichear con tu hermana y charlar con la mucama sobre el vestido que te compraste en Londres y del embarazo de la de enfrente. El segundo tema te tenía enloquecida. Te divertía demasiado. “Vos que esperas el colectivo siempre con la que trabaja en lo de los Cartlon tendrías que saber algún chimento, algo picante así nos reímos un rato”. Antonia se mato de la risa. “Señora”, dijo respetuosamente.
Al atardecer llego ese matrimonio tan unido que tanto bien te hacía verlos. Con su melena de león y su sonrisa de yacare, Martha te dijo que sentía mucho lo que había pasado. “Es la vida madre. Calidos y fríos. Claros y oscuros, el dualismo nos atraviesa lo quieras o no”, le contaste haciéndote la filosofa graduada de Harvard. Martha se emociono. Conteniendo la risa, les ofreciste algo para comer.
La picada te confirmo una vez más lo importante que es el disfrutar. Afuera quedaron aquellos comentarios innecesarios que alguna vez Martha profirió. Nada. La relatividad de las horas, el placer de verlos tan unidos a pesar de todo te despertó más de una sonrisa. "Los quiero mucho", les confesaste al tiempo que se subían en su coupé.
En el fulgor de la noche, el supremo gozo experimentaste .